viaje-gato-transportin

Hacer a tu gato amigo del transportín

Llevar al gato al veterinario es una situación estresante, tanto para el gato como para sus dueños. Lo llevamos al veterinario por su salud, evidentemente, y nadie mejor que el veterinario para diagnosticar y tratar sea lo que sea lo que afecta a la salud de nuestros amigos, pero la visita al veterinario nos altera a todos.

¿Qué podemos hacer entonces para no tener que “cazar” a nuestro gato antes de la visita al Veterinario y que no signifique una situación de estrés y ansiedad para todos?…

Son muchos los casos en que los gatos no siguen sus controles rutinarios o permanecen en casa aunque sus dueños piensen que puede haber alguna anomalía que debería ser diagnosticada, y la causa es que llevarlo al veterinario se percibe como traumático.

Eso es algo que no se debe hacer bajo ninguna circunstancia. Las revisiones y los controles son  imprescindibles, pensemos que algunas enfermedades puedan pasar desapercibidas en sus primeras fases, y que, al cabo de un tiempo, cuando finalmente nos decidimos, la enfermedad puede haber avanzado de manera preocupante.

Estos consejos os resultarán muy útiles para no dejar “para otro momento” la visita al veterinario.

Hacerse amigo del transportín en cinco etapas:

gato-transportin1 – Utilizar el trasportín adecuado: en tu centro veterinario hay una amplia gama de transportines, la cuestión es elegir aquel que mejor se adapte al tamaño y características de nuestro gato. Los blandos con forma de bolsa de viaje, duros con puerta extraíble o abatible… el mejor será el que mejor se adapte al gato y a quien deberá llevarlo.  De todos modos, el trasportín más adecuado sería uno rígido, de material plástico y con la parte superior desmontable. Esto servirá para facilitar el manejo del gato cuando va al veterinario, para que el gato se adapte a entrar en él (primero sin la parte superior, luego con la parte de arriba) … además de ser más fácil de limpiar.

Es mucho más complicado sacar a un gato de una bolsa de viaje (se enganchan las uñas) y también convencerle de que entre en una superficie inestable que se mueve sin cesar.

2 – El transportín es la casa del gato durante el trayecto: parece una obviedad decir esto, pero es importante tenerlo en cuenta porque, aunque el trayecto al veterinario sea corto, el confort para nuestro gato debe ser máximo. El gato no entiende de “cerca” o  “lejos”, sencillamente se encontrará en un lugar nuevo que tiene que ser cómodo y en el que tiene que sentirse protegido.

3 – Hagamos del transportín algo familiar: deberemos acostumbrar a nuestro amigo al trasportín. No hay que sacarlo en el último momento, meterle dentro y marcharnos. Eso constituye una situación altamente estresante. El transportín debe estar en casa y bien visible con antelación suficiente (dos o tres días, por ejemplo). Es aconsejable colocarlo en un lugar tranquilo, algo elevado del suelo, para que pueda subir y bajar sin riesgo de caerse. Es mejor dejarlo abierto para que pueda entrar y salir cuando le plazca. Si es reticente a entrar o acercarse, podemos utilizar el juego como maniobra para que se vaya acostumbrando a él poco a poco.

4 – Acondicionar el transportín: con una mantita que le sea familiar, con algunos de sus juguetes dentro para que tenga estímulos positivos y rociándolo con Feliway spray para que note el efecto tranquilizador. Es una buena idea premiarle con alguna golosina cuando entre voluntariamente.  Cuando ya entre y salga con tranquilidad, entonces empezaremos a  cerrar la puerta y le premiaremos con su golosina cuando se quede tranquilo dentro.

5 – Nos vamos de paseo: esta es la última etapa. Podemos empezar por hacer un trayecto muy corto, por ejemplo de casa al coche, llevando al gato en el transportín pero tapado con  una manta o una toalla. Poco a poco aumentamos el tiempo que estamos en el coche (sin mover el coche del aparcamiento o del parking donde lo tengamos). Después damos un pequeño paseo, por ejemplo una vuelta a la manzana para que se aclimate al movimiento y lo asuma como algo normal, y por último, cuando veamos que se siente cómodo y no se pone nervioso o se estresa, es el momento de hacer el trayecto completo hasta el veterinario. Si no vamos a ir al veterinario en coche, podemos seguir este mismo proceso dando un paseo a pie con el gato en el transportín.

Es fundamental, insistimos en ello, ir al veterinario para todos los controles rutinarios y acudir a él rápidamente al menor indicio de que algo no habitual sucede. El gato y el transportín pueden ser amigos y, desde luego, el veterinario es el mejor amigo de nuestro gato.

Fuente: PV El Secreto de los Gatos Felices (Felliway)