El linfoma multicéntrico en perros

El linfoma es uno de los cánceres más frecuentes en perros. Se trata de una neoplasia de células redondas que afecta al sistema linfático. Dentro de este tipo de neoplasias, el linfoma multicéntrico es, con diferencia, el más habitual. Se caracteriza por el aumento de tamaño de los ganglios linfáticos, siendo los más palpables los del cuello (submandibulares), hombros (preescapulares), axilas (axilares), ingles (inguinales) o detrás de las rodillas (poplíteos). En muchos casos, los tutores acuden a consulta debido al crecimiento repentino de estos ganglios formando una masa, ya que normalmente los perros no presentan signos evidentes de enfermedad.

El linfoma proviene de una proliferación descontrolada de linfocitos, unas células del sistema inmunitario pertenecientes a la familia de los glóbulos blancos. Además de afectar a los linfonodos, con el tiempo pueden infiltrarse en otros órganos como el hígado, el bazo o la médula ósea. Por este motivo, el linfoma no se considera un cáncer localizado que afecte a un órgano concreto, sino un cáncer difuso y diseminado, haciendo imposible una cirugía curativa.

El diagnóstico del linfoma multicéntrico es bastante sencillo en la mayoría de los casos y se basa en la punción, por parte de nuestros veterinarios, de uno de estos ganglios afectados para realizar una citología y observar estas células al microscopio de nuestra clínica. A partir de aquí, se recomienda ampliar pruebas para realizar un buen estadiaje (análisis sanguíneos y pruebas de imagen) y valorar el estado general del paciente, además de pruebas específicas (citometría de flujo o inmunohistoquímica) para determinar el tipo concreto de linfoma y obtener un mejor pronóstico.

El tratamiento de esta enfermedad se basa en la quimioterapia que, a diferencia de lo que a menudo se piensa, nuestros pacientes toleran muy bien, ya que el objetivo del tratamiento no es la eliminación completa del linfoma, sino el control de la enfermedad, manteniendo siempre una buena calidad de vida. Los protocolos más utilizados combinan diferentes fármacos y permiten obtener remisiones completas (control de la enfermedad) en un alto porcentaje de pacientes y, en muchos casos, los perros pueden llevar una vida prácticamente normal durante meses e incluso años después del diagnóstico.

En cuanto al pronóstico, este varía en función de diversos factores, como el tipo de linfoma (B o T), el estado general del paciente, el tipo de tratamiento y la respuesta al mismo. Con el tratamiento adecuado, la supervivencia media suele situarse alrededor del año, aunque muchos pacientes superan esta cifra. En cambio, si no se decide realizar tratamiento quimioterápico, la supervivencia suele ser corta, aproximadamente de 2 a 3 meses.

Cabe añadir que el linfoma no existe únicamente en forma multicéntrica, sino que también existen otras presentaciones que afectan de manera diferente, como el linfoma digestivo, que provoca vómitos y diarreas; el linfoma mediastínico, que afecta al tórax y provoca dificultad respiratoria; o el linfoma cutáneo, que produce erosiones en la piel. Estas variantes tienen comportamientos completamente diferentes y requieren protocolos diagnósticos y tratamientos específicos.

En resumen, podemos decir que el linfoma es una enfermedad grave pero tratable. Un diagnóstico precoz y un buen seguimiento veterinario permiten ofrecer a los pacientes una buena calidad de vida durante un largo periodo de tiempo. Ante cualquier sospecha y, sobre todo, ante la presencia de ganglios aumentados de tamaño, es fundamental acudir a la clínica para poder iniciar el protocolo diagnóstico lo antes posible. Nuestro equipo os acompañará durante todo el proceso y resolverá cualquier duda.